El Ejército Romano

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Uno de los protagonistas de los días de Semana Santa que recién concluyó es el Ejército Romano, quien se encargo de perseguir y eliminar a los grupo rebeldes y a quienes acompañaban a Jesús de Nazareno, mismo que fue crucificado por sus tropas.

Se puede decir que Roma pasó de ser una pequeña ciudad Estado a forma de un gigantesco imperio en apenas 500 años, entre los siglos IV y I A.C, siempre estuvo en guerra.

Primero con las tribus que poblaban Italia; luego con Cártago y los pueblos europeos al norte, sur y oeste de sus fronteras y finalmente con los reinos helenísticos (la antigua Grecia) al este del mediterráneo.

Su ejército que en un principio estuvo formado por milicias ciudadanas, se convirtió con los años en profesional con soldados de carrera equipados y pagados por el estado a los que se entrenaban es una férrea disciplina. Tomaron como modelo de la falange del pueblo etrusco e hicieron de esta la síntesis de sus legiones durante  los siglos IV y III a.c.

El Ejercito Romano estuvo en constante evolución a lo largo de casi mil años y su estructura con el tiempo fue haciéndose más y más compleja, aunque su arma más temible fue siempre su infantería.

Las legiones tenían un total de 4,200 a 6,000 hombres que se dividían en diez bloques de tropas y formaban en tres líneas: en primer lugar los hastati hombres jóvenes; en medio los príncipes, de mediana edad, y finalmente los triarii, de edad más avanzada, que combatían en tercera posición.

Iban equipados con corazas, casco con plumas y un escudo guarnecido en el centro con una pieza de hierro. Los hastati y los príncipes llevaban el pilum, una jabalina de madera y hierro de casi tres metros, y todos una espada corta.

Las legiones también incorporaron caballería, formada por patricios, pero esta fuerza no pasaría de ser una formación secundaria durante mucho tiempo, y una de sus funciones principales consistía en ser vanguardia y retaguardia de las legiones durante sus desplazamientos.

Los romanos fueron también maestros en la definición de las funciones de soldados y oficiales que estaban sometidos a un riguroso escalafón.

Generales, tribunos, cónsules, prefectos, centuriones y capitanes tenían responsabilidades muy bien delimitadas y gracias a la instrucción, a su disciplina, a su notable estrategia y a una perfecta logística favorecida por una economía creciente, su superioridad militar fue indiscutible durante siglos.

Además, disponían de carreteras y puertos, campamentos estables e itinerantes, hospitales, médicos y servicios de apoyo, y armas y armaduras en gran número.

También contaban con un buen catálogo de diferentes máquinas de asedio, como torres, arietes, y galerías para protegerse de los proyectiles, y utilizaron artefactos de lanzamiento muy sofisticados para su tiempo, como catapultas, capaces de lanzar jabalinas de 50 a 100 kilos a distancias de 400 a 500 metros.

A esto hay que sumar una importantes flota naval. Desde sus barcos, equipados con una torre en la cubierta, los soldados podían arrojar proyectiles sobre las naves enemigas.

Los soldados romanos debían ser fuertes. Se esperaba que marcharan unos 30 kilómetros al día llevando armadura. También debían transportar su propio escudo, algo de comida y equipo para acampar.

Estos soldados eran entrenados para luchar juntos. Entraban a la batalla formando una línea con sus escudos unidos, uno junto al otro. Si el enemigo les disparaba flechas, los soldados detrás de la línea de frente levantaban sus escudos sobre sus cabezas formando así un techo que servía de protección. Esta formación estratégica se llamaba testudo, lo que significaba tortuga.

El nivel de sofisticación del ejército romano y el entrenamiento de sus soldados le dieron seguridad a Roma tanto en su época de Imperio como de República.