Millennials prefieren el salario emocional que el económico

Los millennial quieren influir en la toma de decisiones de las empresas donde trabajan y exigen que su remuneración sea equitativa entre lo que hacen con lo ganan; buscan sobre todo un balance entre empleo con la mejoría de su calidad de vida.

La economía de México muta hacia una de valor agregado y también las conductas de los mexicanos a la hora de buscar empleo. El crecimiento profesional y la promesa de desarrollo personal son los factores que ahora atrapan a las nuevas generaciones que van por su oportunidad en el mercado laboral, más que la oferta de un buen salario o prestaciones que ayer conquistaron al talento de la generación X y los baby boomers.

Los millennial están dispuestos a elegir empleos que en el corto y mediano plazos les brinden desarrollo y liderazgo en las organizaciones, pues un salario de cuatro, ocho o 10,000 pesos por mes resulta poco atractivo para personas que hablan idiomas, que se matricularon en posgrados, que conocen de aplicaciones de Internet o que han viajado por el mundo.

Ahora ellos quieren influir en la toma de decisiones de las empresas donde trabajan y exigen, por tanto, que su remuneración, más allá del estricto sentido económico, sea equitativa entre lo que hacen con lo ganan; buscan sobre todo un balance entre empleo con la mejoría de su calidad de vida.

Ello es reflejo de que la conducta del mexicano en la búsqueda de empleo ha cambiado y es en lo que deben poner atención las organizaciones al momento de buscar y retener talento, según recoge la Asociación de Internet.Mx, sucesora de la desaparecida Amipci, con base en su “Estudio de Búsqueda de Empleo por Internet en México 2017”.

Internet.Mx entrevistó a 3,700 personas que representan la muestra de un universo de 17 millones de mexicanos que buscan empleo en Internet. Un 50% de ellos resultó pertenecer al “grupo” de los millennial, 40% al de la generación X y el resto son baby boomers. 49% de ellos se encuentran desempleados, pese a que el 82% de toda la muestra tiene un alto grado de estudios; licenciatura, principalmente.

Un motivo que explica el elevado dato de desempleo en esa muestra obedece a que los empleadores ofertan salarios promedio que van de los 5,001 a los 10,000 pesos; apenas arriba del promedio de los 4,802 pesos que la mayoría de los mexicanos gana al mes, esto según el Inegi.

Producción, construcción, industria del consumo y servicios profesionales son los sectores económicos en los que más desempeñan los que buscan empleo. Pero los más lucrativos como los servicios financieros, las tecnologías de la información y la farmacéutica despiertan poco interés; apenas el 5% de los que buscan trabajo miran hacia esos rubros.

Un 43% de los que buscan empleo ya ocupan puestos de mandos medios o altos; 23% son coordinadores y 20% son gerentes en los negocios donde trabajan y van por más, aunque no necesariamente es dinero.

Ellos buscan que en sus nuevos encargos laborales se les permita tomar cursos, diplomados, licenciaturas o posgrados; al menos 35% de todos ellos piensan así.

Y la tendencia por aceptar un empleo que ofrezca oportunidades de desarrollo personal sobre aquellos que prometen salarios altos va despuntando.

Internet.Mx dijo que este factor fue el primer motivo para el 88% de los encuestados en el 2016 y en 90% para el estudio referente al 2017. El factor sueldo se mantiene en 81% de las preferencias y el tema de las prestaciones subió del 71 al 74% en el mismo lapso. Rubros como ambiente laboral y cultura y valores que las empresas pueden ofrecer al futuro miembro de su equipo también repuntó 4 puntos entre 2016 y el 2017.

“Estamos viendo la entrada cada vez más fuerte de millennial al mercado; incluso de la generación que viene detrás de ellos y lo que antes era dominante como el sueldo, poco a poco se viene confirmando que van siendo importantes las oportunidades de desarrollo profesional”, dijo Sergio Carrera, vicepresidente de Investigación en Internet. “El balance entre el trabajo y vida está tomando más importancia para las personas a la hora de decidir dónde emplearse”.

“Este es un mensaje, tanto para los que hacen política laboral como para las empresas, porque hay que tener un adecuado balance entre la realización como persona con lo que se realiza en el trabajo, con lo que te deja de espacio para vivir, y este es el mensaje fuerte que las nuevas generaciones están mandando al mercado laboral”, platicó el funcionario de Internet.Mx.

Los millennial empiezan a transformar la experiencia en la contratación de personal. Ya no que basen solamente su decisión de ir a un empleo con base en el aspecto profesional; los valores personales, incluso las emociones ganan pesos en sus decisiones de vida.

Ellos son más proclives al movimiento de puestos buscando siempre puestos de mayor liderazgo o de aprendizaje y por eso la rotación es parte de su dinámica laboral, hecho que además es respaldado por las ventajas que ya empieza a brindar la economía digital que apenas aterriza en México, transformando también la manera de hacer negocios en el país.

Siempre preferirán las ofertas que les permitan invertir de mejor manera su tiempo en desarrollo profesional, empoderándose ellos y las empresas donde trabajan, aunque ello pueda resultar un riesgo de inestabilidad de empleados duraderos en las organizaciones.

“Están buscando oportunidades más que salarios; más que puedan ser parte del control de la empresa, pues finalmente tienen ideas y están con ganas de revolucionar las empresas. Ser parte de la empresa y no sólo estar contratados por ellas y que haya posibilidades de desarrollo en el corto plazo es lo que les llama la atención”, dice Víctor Pavón-Villamayor, presidente ejecutivo de Oxford Competition Economics.

“Esta es una importante tendencia global que está transformando los mercados laborales y vendrán más cambios radicales en los 20 años siguientes gracias a la economía digital. El desarrollo profesional y emocional es lo que estará marcando la actitud de estos jóvenes y las decisiones de las empresas, de tal manera que el talento se aproveche”.

El Economista

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