Las tragedias y la promoción personal en los desastres naturales

El dolor humano sirve para tomarse la foto besando viejitos y niños para aparentar preocupación por quienes nada tienen México y Chiapas, sin sistemas de protección civil confiables

Me cuenta mi entrañable amigo Joaquín Paredes Fuente, excelente periodista ya fallecido, que en alguna ocasión Víctor Cervera Pacheco, entonces gobernador de Yucatán, se encontraba ausente y meditabundo dentro del palacio de gobierno.

Al inquirírsele si su silencio estaba acompañado del recuerdo de algún amor, el balo de inmediato respondió: “No, qué va. Pienso lo que en estos momentos de baja popularidad hace falta un cicloncito”.

La afirmación era impecable para documentar el negocio y la promoción personal que los desastres naturales representan para la clase política.

En Chiapas lo hemos vivido y al parecer el numerito se repite ahora. La entidad se encuentra en una de las zonas sísmicas más peligrosas de toda la República y los sistemas de protección civil no corresponden al altísimo riesgo que representan los temblores, los huracanes, la acelerada deforestación, las altas precipitaciones pluviales y las consecuentes inundaciones cíclicas.

El mejor ejemplo de la corrupción, la incapacidad y la demagogia gubernamental, ante la fuerza de la naturaleza, se encuentra en lo ocurrido el 4 de octubre de 2005 con el huracán ‘Stan’ en Chiapas.

En ese entonces, Pablo Salazar Mendiguchía, gobernador de Chiapas, fue protagonista principal de uno de los episodios más lamentables en la historia de las tragedias en la entidad.

De ese chocante y bufonesco anecdotario, rescato algunas de las insultantes manifestaciones de Pablo Salazar para hacerse pasar como el magnánimo gobernante que nunca fue y su inclinada propensión a la mentira.

Ante la amenaza anunciada que representaba el huracán ‘Stan’ en la costa de Chiapas, personalmente se hizo presente en Tapachula para esconder el verdadero peligro que corrían sus habitantes y en el que estaban en juego la vida de miles de seres humanos.

Con fecha 1 de octubre de 2005, irresponsablemente aseguró que la emergencia en el Soconusco había pasado y todo volvería a la normalidad.

Hoy sus palabras son lapidarias para acusarlo como el gran responsable del ocultamiento y el sinnúmero de víctimas por su propensión a la mentira al afirmar: “La nueva cultura de la prevención nos ha permitido lograr los dos grandes objetivos: superar la emergencia y salvar vidas humanas”.

Ni cultura de la prevención ni emergencia superada. Apenas tres días después, el día 4 de octubre de 2005, la fuerza del agua se llevaba la vida de decenas de soconuscenses, pérdida de patrimonios y una multitud de desaparecidos, mientras su tenebroso fiscal, Mariano Herrán, daba como información oficial forzosa apenas 29 muertos.

Sólo que el periódico Cuarto Poder documentó 105 muertos y nunca fue desmentido. Ni por Pablo ni por Mariano. Ese es el que de nuevo se presenta como el artífice de la esperanza, en espera de ser senador de la República. Ya veremos.

En el colmo del histrionismo, Vicente Fox y su consorte Marta Sahagún vinieron a Chiapas con supuesta ayuda a los damnificados.

En videos ridículos y gráficas grotescas aparecen con Pablo Salazar bajando víveres de los helicópteros para los afectados del huracán ‘Stan’. Nada más ofensivo para los que habían perdido familia y bienes, cuando que podía apreciarse que Marta Sahagún venía con ropa lujosa y ataviada con joyas en cuello y brazos.

Lo malo es que hoy aparece la irresponsable repetición de historias pasadas y nada se hace para enfrentar con anticipación los desastres naturales. Pero eso sí el dolor humano sirve para tomarse la foto besando viejitos y niños para aparentar preocupación por quienes nada tienen.

El sismo de 7 de septiembre pasado dejó al descubierto la inepcia de los funcionarios del Sistema Sismológico Nacional con la injustificable variación de las cifras en la intensidad del temblor.

Primero se dijo que había sido de 8.4 grados, después le bajaron a 8.1 para finalmente dar una intensidad final de 8.2 grados en la escala de Richter.

Con más precisión y sin cambio alguno, las autoridades sismológicas de los Estados Unidos dieron una cifra única e inalterable: 8.0 grados y sin tantos recovecos. Ello evidencia la falta de equipo adecuado y de personal calificado para medir el resultado de los movimientos telúricos.

Lo malo es que cuando a los gobiernos y sus órganos de protección civil se les previene de las calamidades que se avecinan, en vez de escuchar y consultar a expertos en la materia, inmediatamente se procede a la descalificación y a la amenaza.

En Chiapas, desde hace más de 10 años, el geofísico Marco Antonio Penagos Villar estuvo alertando sobre un posible sismo mayor a los 8 grados, y finalmente ocurrió. Sólo que en vez de invitarlo para conocer sus puntos de vista se le llamó charlatán, mentiroso, buscachambas y se le acusó de pretender sembrar pánico entre la población.

Hoy quedan en evidencia esas autoridades corruptas, responsables por omisión de muertes, desaparecidos y damnificados.

De la interesante y consistente entrevista que Penagos Villar me concedió, a publicarse en fecha próxima, rescato dos puntos fundamentales, que de haberse observado, seguramente los daños habrían sido menores.

En el curso de la conversación me puso a la vista un mapa, elaborado por el geofísico Carlos Valdés González, director del Sistema Sismológico Nacional.

En el mismo puede observarse con toda precisión la secuencia histórica de los temblores, a partir de 1902 a la fecha, sobre la costa del Océano Pacífico, desde el estado de Jalisco hasta las costas de Centroamérica.

Con ese mapa había una señal de alerta inobjetable de lo que iba a pasar en Chiapas y Oaxaca y nada se hizo para prevenir a la población.

Ahí están perfectamente señalados los temblores que ha habido en Jalisco, Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Centroamérica. Sólo faltaba que temblara en la zona del Istmo de Tehuantepec.

Esa circunstancia atípica hacía previsible que en  cualquier momento la conflagración fuera de proporciones inimaginables. Y así ocurrió.

En esa zona de Juchitán, en donde no se habían registrado movimientos telúricos, se resintieron los más severos daños materiales y en número de muertos.

La irresponsabilidad oficial tiene mucho que ver con esa tragedia física y humana.

El otro aspecto que resaltó el geofísico Marco Antonio Penagos fue la ausencia de memoria histórica sísmica. Una de las partes esenciales de la geofísica es la sismología histórica de los últimos 100, 150 o 200 años, puesto que los acontecimientos necesariamente vuelven a repetirse, y si así no fuera, cuando menos se está preparado para enfrentar cualquier eventualidad.

Es así como el conocimiento de esos antecedentes permite saber cómo, cuándo, dónde, por qué tembló y la magnitud de los daños, puesto que lo ocurrido en el pasado volverá a manifestarse en el presente y en el futuro. Es la repetición inexorable de la historia sísmica. Pero eso no lo entienden los sistemas de protección civil mexicanos… y menos los de Chiapas.

Mientras tanto, por falta de personal capacitado y de aparatos confiables de medición sísmica, la ciudadanía se encuentra al arbitrio de la impredecible naturaleza. Ampliaremos…

Por Roberto Domínguez Cortés (Impacto MX)