Y no torturaremos

¿Qué está pasando ahora donde el miedo abstracto puede obstaculizar y desacreditar el esfuerzo concreto? Porque han existido casos que han sido denunciados y juzgados por los propios militares.

Es increíble, somos uno de los países de América Latina que más ha invertido en materia de derechos humanos y que de manera casi inmediata instaló su CNDH, nombró a su ombudsman y comenzó a destinarle recursos desde los años noventa.
Sin embargo, por otro lado está el hecho indiscutible de que la vida en México no vale nada y que curiosamente los derechos de todos los que han sido asesinados son inexistentes -por corrupción, por ignorancia o por estupidez- hasta en la hora de ser incinerados o enterrados en una fosa común.

Pero además no hay que olvidar que para aprobar la Ley de Seguridad Interior, es decir, para regular lo que está pasando todos los días en medio de este fenómeno de incapacidad para controlar los brotes de violencia, pedimos como una condición fundamental en la articulación de la ley que el Ejército y la Marina se comprometan a no torturar y a no vulnerar los derechos humanos en cualquiera de sus acciones.

¿Qué está pasando ahora donde el miedo abstracto puede obstaculizar y desacreditar el esfuerzo concreto? Porque han existido casos que han sido denunciados y juzgados por los propios militares.

En ese sentido, no se puede acusar al secretario de la Defensa, ni al secretario de Marina de tibieza o de tirar el balón hacia adelante. Donde además la lealtad de los sistemas democráticos hacia su comandante en jefe es un valor que no se debe cuestionar.

Y es que, ellos no tomaron la decisión de salir a las calles y tampoco decidieron permanecer ahí, sin embargo, a los que les hacemos jurar para que no torturen, ni vulneren los derechos humanos es a todos ellos y no a los comandantes en jefe o a los gobiernos que al final del día son los que toman las decisiones ejecutivas.

Pero además el cuerpo legislativo mexicano tiene que saber que le guste o no, en los últimos once años ha sido tan cómplice como los gobiernos ejecutivos que desencadenaron todo este desastre ilegal.

Y en ese contexto lo que hay que hacer es prevenir que no haya ninguna transgresión a nuestros derechos, pero no hacerlo poniendo en tela de juicio la inocencia de los que un día sacamos de su ejercicio táctico y los llevamos a las calles para luchar contra un enemigo voraz, haciendo labores de policías sin ningún entrenamiento, ni respaldo jurídico que los ampare.

Jugamos con fuego en ese tema y además hemos ignorado que ese mismo fuego puede transmitirse a los hijos de los afectados.

Entonces siendo así, ¿qué tipo de futuro es el que nos espera?